domingo, 8 de diciembre de 2013

Admonición y De amicitia







ADMONICIÓN Y DE AMICITIA







No debes escuchar a la tibieza,

ni a su amiga triunfante, la ironía.

No vayas con quien nunca dice nada,

ni con quien vive siempre enmascarado.





Es su Admonición, su consejo. Son versos de un gran poeta, Julio Martínez Mesanza. Otro de los grandes. Otro de los silenciados aquí, en este país extraño que olvida a sus mejores hijos y premia a los bastardos. Por no ser de la misma cuerda. La cuerda oficial, oficiosa u oficialista y su alargada y diabólica sombra. La maldita cuerda.

Alguien dijo que en la historia de la mayoría de los lectores de poesía hay un número limitado de poetas que realmente han contado. Como si cada uno tuviera asignado un "cupo" que las circunstancias de la vida irán llenando con un poeta u otro. Y éstos son los poetas a los que uno vuelve, los poetas en los que uno va profundizando con los años, los poetas que le acompañan durante toda la vida. Julio es uno de ellos para mí.

Julio Martínez Mesanza vive —o vivía hasta hace bien poco— en Tel Aviv y desde allí nos escribía, nos iluminaba con sus CUESTIONES NATURALES. Además escribe un libro de poemas desde hace años, pero él, al contrario que otros, nunca tiene prisa por publicar. Sabe que el arte es incompatible con la prisa, y que la Belleza es lentitud -como decía Pound. También sabe que la poesía es exprimir todas sus posibilidades al lenguaje para que surja una verdad. Y Julio tiene muy claro cuál es su Verdad. Esa Verdad suya, la que está en sus poemas, a mí, personal y humildemente, me “toca”, y no sabría decir bien por qué, no sabría explicarlo desde mi raciocinio. Mi torpe y fatigado raciocinio. Los grandes poetas, los más grandes, se nos imponen más allá de la razón.





Si tuviese al justo de enemigo,

sería la justicia mi enemiga.

A tu lado en el campo victorioso

y junto a ti estaré cuando el fracaso.

Tus palabras tendrán tumba en mi oído.

Celebraré el primero tu alegría.

Aunque el fraude mi espada no consienta,

engañaremos juntos si te place.

Saquearemos juntos si lo quieres,

aunque mucho la sangre me repugne.

Tus rivales ya son rivales míos:

mañana el mar inmenso nos espera.



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