viernes, 20 de diciembre de 2013

E la bellezza de la baia di Taormina








Hace ya bastantes años, buf... demasiados, tropecé por Azar (como suelen sucedernos en esta vida las cosas que más amamos, que acaso, se diría, vienen hasta nosotros sin buscarlas y parece que estuvieran ahí esperándonos desde siempre) con este poema maravilloso de mi maestro, José María Álvarez. Este poema que lo resume todo. Lo aclara todo. Este poema en el que me sentí pleno, en el que me reconocí. Descansé en su belleza, en las aguas de su Belleza.


 

...e la bellezza de la baia di taormina





Llegarás a Taormina. Quizá tus pasos

revelen el cansancio.

O quizá es que al apagarse de ese día

lo comparas, y te entristeces,

con el de todo tu mundo.

Llegarás

a Taormina. Son caminos

que ya muchos pisaron

y alguno de ellos, maestro tuyo.

Y verás las ruinas del teatro,

y entre sus columnas muertas

el espejo del mar, la sagrada presencia

del Etna.

Descansa contemplando este paisaje.

La luz del movimiento del crepúsculo.

Aquí, esa grandeza que amas

nació, fue creciendo

como los olivos, el lentisco, las chumberas,

bajo los vientos de la mar,

al par de todo ello, en la claridad.

Aquí unos hombres

aseguraron con su dibujo

del mundo, ser ellos la medida

de todas las cosas. Y a esa medida levantaron

Arte y sabiduría,

leyes y placer.

Todo aquello de cuyas ruinas aún

tú te alimentas, todo aquello

que es la última instancia de tu alma.



Llegarás a Taormina,

y descansarás contemplando esa belleza.

Y ya ni siquiera la amarás.

Porque habrás comprendido.[1]










[1] De Museo de Cera


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