sábado, 14 de diciembre de 2013

El último rostro





EL ÚLTIMO ROSTRO



Qué bueno era Velasco, por todos los dioses del Averno... Era un hacha. Un auténtico crack, hablando en términos futbolísticos. Una bestia de la Poesía, así, con mayúsculas. No hay nadie ahora mismo en España ni, me atrevería a decir, en Europa (la situación actual de la poesía en Europa es un yermo) que escriba como él. Y menos en su generación. Se lo dije una vez por mail: te sales del planeta, amigo...
Miguel Ángel Velasco (Mallorca, 1963) creció como poeta a la sombra de otros dos grandes, Vicente Gallego y Carlos Marzal -muy amigos suyos, por cierto-, pero yo creo que los había superado. Y con creces. Ya no tenían nada que enseñarle.
Miguel Ángel Velasco sólo escribía poesía, alta Poesía, claro...  De hecho, vivía única y exclusivamente por Ella y para Ella.  En alguna entrevista le escuché decir que él escribía poesía "para salirse". Estaba aburrido ya de ganar premios (cuando estudiaba COU ganó el Adonáis, no os digo más....). Los había ganado todos. Una vez me dijo: Sí, mi "barricada" vital, que diría nuestro querido Vicente, no me deja otra opción que probar suerte con las convocatorias.
Bueno, hace ya tiempo perdimos ocasión de escucharle recitar aquí, en Pamplona. Yo mismo intenté prepararle un recital, él me lo pidió, quería venir por estas tierras de dios, esta aldea vikinga, como dice mi amigo Javier. Pero no fue posible. Las "fuerzas oscuras" de la Ignorancia lo impidieron, como siempre. Los de Civican ni siquiera me contestaron. En fin, ellos se lo perdieron. Y nosotros, claro… Prefieren traer a poetastros, eso sí, con tirón mediático o popular, que no le llegan a Velasco como poetas ni a la altura de la suela del zapato. Ellos se lo perdieron, sí...
Imaginároslo por un momento, caminando por el escenario, como acostumbraba, micrófono en mano, la melena rizada suelta, leyendo en voz alta, por ejemplo, este magnífico poema sobre la muerte:



EL ÚLTIMO ROSTRO 


¿Será, al fin, el de ella, la más cierta
amada, hermana en danza
de sueño con la luz del alba pura?

¿La fugitiva única
en caída de amor,
la de veras
que es todas, la inventada?

¿La faz de la señora de mis días?

¿La máscara casual de la oficiante
del rito con las sábanas de paso?

¿Nos fuese intervención en lo dispuesto
conocerle su claro
semblante al nacimiento de la sombra?

¿A quién veré al final,
cuando tu faltriquera tintinees,
alcahueta de vida, con la grava
avara de tus fondos, y de un solo
golpe seco me acuñes,
nariz, barbilla, agudos,
mi verdad
en el paño del tránsito?

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