viernes, 27 de diciembre de 2013

Scholia



Lo confieso, soy un impertérrito buscador de libros viejos. Y no de ésos, antiquísimos que exhiben como joyas inviolables en su trastienda los libreros de viejo, con precios astronómicos que yo nunca pagaría y que ellos no están dispuestos a regatear, no. En verdad creo que esos libros nunca se venden, que son los mismos año tras año en las Ferias, que están ahí desde siempre expuestos, y permanecerán aún muchos años más cuando nosotros ya no estemos y el espécimen de comprador compulsivo de libros viejos, como yo, haya desaparecido para siempre. 
A lo que me refiero y por quien bebo los vientos es a lo que, en el argot, se conoce como libros de ocasión, primeras ediciones de poetas patrios sobre todo, libros raros de los que nadie apenas conoce, o si alguna vez llegó a conocer, hoy se ha olvidado en los foros su malograda existencia, bien porque fueron editados en su día por pequeñas e incipientes editoras que cerraron al poco de nacer, bien porque pueda tratarse de ediciones conmemorativas de algún evento sin demasiada importancia o tiradas cortas que algún ayuntamiento procaz, caja de ahorros o monte de piedad sin piedad tuvo a bien editar.
Entre esa maraña de libros viejos de añejo aroma que van llegando cada semana a mi buzón de correos por haber sido adquiridos vía internet -una forma muy cómoda de comprar y muy exhaustiva en sus posibilidades, aunque una ruina atroz para el bolsillo de un pobre poeta de provincias como yo- tengo que destacar una joyita deliciosa que llevaba tiempo ansiando y requiriendo y que al final los dioses han dispuesto concederme. Se trata del SCHOLIA de Luis Alberto de Cuenca, un tipo cultísimo y muy simpático al que todo el mundo admira porque es amigo de todo el mundo y es un tío que se deja querer, coño, no uno de esos raros y complicados poetas de hoy día que se encierran en sí mismos y juegan a hacerse los malditos e inaccesibles para impresionarte.
SCHOLIA pertenece a esa trilogía cultista, esteticista e intertextualizada, junto con ELSINORE y LOS RETRATOS, con la que Luis Alberto emergió como poeta en los salones de la abundancia poética de los años 70', aquí en España. Una de las veces que he coincidido con el ínclito Luis Alberto en uno de esos saraos poéticos en los que se prodiga muy gustoso, le "tiré los tejos" (entiéndaseme bien...) sobre dichos libritos, por ver si se compadecía de mí en mi búsqueda y me facilitaba las cosas. Bien, no fue así, desgraciadamente. Me dijo que eran muy difíciles, casi imposibles, o sea, me vino a decir lo mismo que solía aparecer antes en el reverso de las tapas de los yogures: "sigue buscando, amigo...".
De LOS RETRATOS (1971), uno de mis editores, Antonio J. Huerga, sacó hace poco una reedición muy interesante al acceso de todo el mundo, pero yo no cejaré en el empeño por él, y seguiré buscando la edición antigua hasta el fin de los días.
En cuanto a ELSINORE, esa otra joyita inencontrable, publicado por Azur en 1972, mis pesquisas me llevaron una vez hasta la National Library of Australia, y a punto estuve de asaltarla, pero el propio Luis Alberto me retuvo y contuvo, me dijo que esperara, que tuviera paciencia, que había que estar "ahí" (como decía el bueno de Indurain), que el libro terminará ofreciéndose para mí, un día de éstos, cuando alguien, algún heredero inconfesable, salde la biblioteca de su padre o de su madre. (Por cierto y aprovechando la coyuntura, si alguien lee estas páginas y dispone y quiere venderme el libro en cuestión juro no regatearle y pagarle religiosamente lo que tenga a bien pedirme a cambio por él.)
Pero nos quedamos de momento con SCHOLIA, publicado en 1978 por Antoni Bosch y que ahora mismo tengo yo en mis manos, tocándolo y retocándolo. Me lo enviaron hace unos días de Llibres del Mirall, en Barcelona. El ejemplar -del que me atreví solícita y educadamente por teléfono a regatear su precio aduciendo que me parecía excesivo- aparece con algunas páginas fatigadas, incluso alguna medio roída, y encabezado con una "Nota del autor" magistral. Efectivamente el librito está en mi poder y pasará algún día seguramente a mis herederos. Bien!


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