sábado, 21 de diciembre de 2013

Zoki



en su casa de París, en Enero de 2009


Es muy difícil -imposible, diría yo- que Zoki no te caiga bien al instante de conocerle. De tan grande que tiene el corazón se le sale del cuerpo para abrazarte. Y es lo primero que Zoki quiere hacer contigo cuando te ve, cuando ni siquiera te conoce ni sabe aún de qué pie cojeas: Abrazarte.

Francisco Javier Irazoki, "Zoki" para sus amigos, es nuestro combatiente, nuestro poeta avanzado en el Limes, los límites fronterizos de la poesía navarra. Si muchas veces -la mayoría- escuchar hablar a un poeta, -o mejor dicho, a un pretendido poeta-, suele ser aburrido, monótono, soporífero, escuchar hablar a Zoki es toda una aventura del espíritu, de la mente y del cuerpo. Porque Zoki te atrapa, te retiene para sí con sus palabras, con sus historias, con sus reflexiones en voz alta.

Vive en París, en pleno París, en un loft gigantesco de varios pisos, sin apenas paredes, lleno de libros, instrumentos musicales y fotos. Si te lo encuentras por allí, y le dices que eres poeta -un poeta- te invitará a cenar, te preguntará por teléfono si prefieres carne o pescado para la cena, porque Zoki también cocina. Además de cocinar maravillosos e intrigantes versos que te descolocan, también cocina de verdad, sabe cocinar como nadie, como ningún otro poeta.

En su casa, sobre todo y por encima de todo, te sentirás como en tu casa: Libre. Podrás hablar y decir lo que quieras, sobre el tema que quieras. Política, literatura, sociedad en general, vida francesa cotidiana y sus costumbres, enrarecido ambiente en España, la nueva hornada de poetas navarros... En fin, lo que quieras. Libertad absoluta. Esa es la consigna de Zoki: Libertad Absoluta, como el vodka.


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