miércoles, 1 de enero de 2014

El fabricante de naipes



Lo ocurrido en la historia de la Música con Albinoni no tiene nombre ni justificación. Ese olvido imperdonable, en fin... Lo de Tomaso Albinoni es una cosa extrañísima. Que la obra de un músico tan grande o más que Vivaldi -para mí mucho más- haya sido silenciada de esa manera, hasta el punto de ser completamente ignorada por el gran público de la Música Clásica, salvo en una obra, su famoso Adagio, ciertamente excelsa, pero que luego ha resultado ser falsa, es totalmente incomprensible.
A cualquiera que preguntéis por la obra de Albinoni de lo único que os acertará a hablar es de su famoso Adagio en diferentes versiones (la de in G minor para órgano y cuerda es la que yo más adoro) que todo el mundo más o menos conoce, pero que al final se ha podido demostrar, con gran sorpresa para todos, que no se trataba más que de una pieza que compuso en el siglo XX un italiano estudioso y gran admirador de su obra, un tal Remo Giazotto, alguien que quiso pasar a la historia como el descubridor de una supuesta obra del genial compositor veneciano que él pudo revelar y desarrollar para la posteridad de la Música.
Pero casi nadie sabe nada -o muy poco- de su verdadera e ingente obra, sus maravillosos Concertos para  violín o para oboe, para uno o para dos oboes (el 7 o el 9, los 12 conciertos, delicadísimos, sublimes), el de "San Marco" para trompeta, el estupendo Concerto a cinque in C del opus 5, el grosso in A minor, las preciosas Sonatas a cinque in A o in G minor, los 12 Concertos del opus 10 para violín, cuerdas y clavecín con ese comienzo, ese allegro impresionante que te sube el corazón hasta la azotea y te quita todas las penas...; en fin, también la maravilla de sus Cantatas, la del opus 4, Poichè al vago seren, con ese Amor, Sorte, Destino! que a mí me inspiró un poema de mi Regreso a Alba Longa; qué sé yo, la Sinfonía in G Major de la London Virtuosi, o los Balletti de la opus 8.
Pocos discos, muy pocas grabaciones pueden adquirirse en España de Albinoni, y menos aún desde que empezaron a desaparecer misteriosamente el noventa y nueve por cien de las tiendas de discos, -en las que yo pasaba las horas muertas escuchando y descubriendo maravillas y hablando de Música con los dependientes que tenían idea del tema, que eran los menos, claro...-. Así que a este melómano no le ha quedado más remedio que ir recopilando durante años grabaciones del viejo músico veneciano que iba encontrando en mis viajes a Francia o a Italia. Recuerdo que en Venecia los discos de Albinoni se vendían hasta en las Iglesias y en las Scuolas.
Tengo en la amplia discoteca de mi casa más de veinte grabaciones suyas, algunas extraordinarias, de I Solisti Veneti, del Collegium Musicum 90, de la Orquesta de Cámara de Berlín, de la de Toulouse o de Stuttgart, de Camerata Bern, con Claudio Astronio o con Claudio Scimone, de conductor, qué más, The Academy of Ancient Music, las interpretaciones del genial Maurice André, la Orquesta de Cámara "Antiqua Musica" o la English Chamber Orchestra de Raymond Leppard. Y seguiré buscando más, no lo dudéis: esto para mí, como suelo decir yo cuando algo me encanta, no ha hecho más que empezar.


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