martes, 25 de febrero de 2014

Generación novísima







domingo, 16 de febrero de 2014

Poetas en la noche



No soporto las novelas. Lo siento, me dan grima. Me aburren. No consigo pasar de la página 75 y miro que lo he intentado veces: ante recomendaciones de amigos, de maestros, de críticos, etc, etc..., pero nada, no hay manera, lo mío no son las novelas.
Francamente, pienso que es un género muy sobrevalorado. Demasiado. Sobre todo hoy día. Y yo que lo veo literariamente tan por debajo, por ejemplo, del Ensayo, del género ensayístico, tan por debajo asimismo de los libros de Historia o de Arte o de Música o de Filosofía; por supuesto, muy por debajo de los libros memorialísticos, biográficos, autobiográficos, de conversaciones, de artículos, de crítica literaria; y muy, muy, pero que muy por debajo de los Diarios (de los Diarios literarios, claro está...) e infinitamente por debajo de la Poesía.
A mí, como diría don José Luis García Martín, lo que me interesa es la Novela de la Vida, y ya está. Y esa novela de la vida, ese pedazo de carne viva, ese trozo de carne sangrienta o ensangrentada, llena de vísceras y nervios, sólo la encuentro, o la encuentro sobre todo, en el género poético, o en el género memorialístico, o en el género histórico o artístico.
¿A quién diablos le importan las batallitas ficticias e imaginativas de un escritor profesional de serie B, de ésos que tanto abundan por ahí, y que se llevan todos los honores y laureles (y la pasta, claro)?.
Bueno, cuando la gente se entera de que escribo poesía lo único que se les ocurre preguntarme -aparte de la pregunta habitual y de rigor que a todos los poetas nos hacen: ¿y de qué vives? ¿en qué trabajas?- es lo siguiente: ¿y para cuándo te lanzas a escribir una novela? Sí, para cuándo tocaré el cielo literario, el Parnaso, y publicaré una novela... Y yo miro para otro lado, me hago el sueco, cambio de tercio, o voy directamente al ataque y les digo que la novela no me interesa en absoluto, que no leo novelas -salvo las que escriben mis poetas áureos, ésas sí, porque, fuera de ésas, las pocas que he leído en mi vida las puedo contar con los dedos de las manos y aún me sobraría alguno-, que la novela es un género muy inferior a la Poesía y altamente sobreestimado.
Hay que tener en cuenta que la novela es un género literario moderno, relativamente moderno o totalmente moderno. Según mi querido maestro Álvarez, todas las novelas que se han publicado después de 1945 no valen una m. (no lo dijo con esas palabras pero lo dijo con otras, es igual).
La Poesía, en cambio, dios... La Poesía es el Principio, es el Origen, la Causa, la Esencia. Está ahí desde Siempre. Todo el santo día a vueltas con Ella el hombre. Está en los maitines, los laudes, la prima, la tercia, la sexta, la nona, las vísperas y las nocturnas o completas... Así, porta al Mundo, como una heroína, renovándolo a cada paso.
Por todos los dioses del Averno, vamos a ver si nos queda claro, y de una vez por todas, que el hecho de que la Poesía no tenga apenas lectores o de que no dé dinero, o de que cargue con su cruz como un viejo bajel desvencijado no significa nada. No supone nada en su contra. Todo es un problema de desconocimiento, de desinformación; no es más que un problema de hábitos, un problema familiar, social... Es un problema cultural. Ni más ni menos.
Pero mira por donde, estuvo este lector tan apasionado e incontinente repasando anoche una novela. Pero una novela muy especial que leí ya hace tiempo: POETAS EN LA NOCHE, de José María Fonollosa (Barcelona, 1922-1991), un poeta que se mantuvo voluntariamente en silencio y al margen de los ambientes literarios. Se trata de una novela experimental, empírica, algo extraño y desconcertante. Se trata de una novela escrita en verso. Un largo poema con personajes y diálogos, con acción, con planteamiento, nudo y desenlace. Quizá por eso la respeto, quizá por eso me sedujo en su día y me volvió a seducir anoche cuando anduve releyéndola. Porque está escrita en Verso.


sábado, 15 de febrero de 2014

De bondades y maldades está hecha la poesía







domingo, 9 de febrero de 2014

Gesamtkunstwerk








sábado, 8 de febrero de 2014

Larga carta a Francesca



La novela escrita y publicada a partir de 1945 en Europa y América me temo que está hoy día infinitamente sobrevalorada. Nunca antes en la historia lo había estado así. Debe ser quizá porque se trata de un invento relativamente moderno. En cuanto a la poesía, puede existir a veces el gran error de estimar que se trata solamente de una manía vanidosa o un capricho de primera juventud de escritores que vivieran al parecer en una eterna primavera adolescente y nunca madurasen.
Nada hay que me moleste más como poeta que el hecho de que algunas personas que se han sentido interesadas en algún momento determinado por mi obra –para volver luego a desaparecer- me requieran, me “animen” para que escriba una dichosa novelita. Como si el hecho de escribirla fuese el Sancta Sanctorum en la vida de un escritor.

Sabéis que sólo leo novelas escritas por poetas. Ahí sí, señores. Ahí está la vida. La novela de la vida. Que es la que a mí me interesa. Sólo confío ya en ellos. Porque sólo ellos saben amar como amo yo. Porque sólo esas novelas son pedazos desgajados de vida. Sangre cruda, húmeda y sin cuajar todavía. Trozos de carne ensangrentada, palpitando todavía.
Y en este terreno fértil, abonado y fiable de la novela escrita por poetas (porque de todo hay, claro, también las hay ilegibles como una que publicó hace unos años cierto poeta famosísimo…), tengo que significar aquí la otra novela del poeta Antonio Colinas, la correspondiente en el seguimiento de su biografía a la etapa de su juventud en Italia. Se trata de LARGA CARTA A FRANCESCA (1986), novela llena de sugestiones italianas: ciudades como Milán, Florencia y Venecia, el arte, la pintura, la música...
Fueron cuatro años de deslumbramiento (entre 1970 y 1974) los que Colinas pasó en Italia, como lector de español en las Universidades de Milán y Bérgamo. 
La experiencia italiana ha sido trascendental en la vida de Colinas, en su visión del mundo. Además el poeta disfrutó de otra experiencia: la Italia de los lagos. Bebió de la cultura y de la naturaleza, de la “Italia esencial” y de sus signos. Sintió renacer en su ánimo los antiguos ideales de Verdad y Belleza. Allí enseñó y aprendió; aprendió en sus diferentes viajes y en el mundo del Arte, en el cine, en los grandes poetas (Dante, Leopardi, Quasimodo…) y en el trato con escritores que vivían en Italia (Montale, Pound, Neruda, Asturias, Alberti…).
En LARGA CARTA A FRANCESCA otra vez la Maravilla está ahí esperándonos, la sabiduría intacta, savia virgen del Poeta inmenso que sobrevuela por sus páginas. El ensayo poético clarividente. El lujo de las recomendaciones de obras literarias y musicales, que tanto enriquecen al lector que se precie y que yo tanto agradezco. Y esas frases, fragmentos subrayados en el libro por este lector impenitente en su día, que están en mí, ya forman parte de mi vida para siempre.