lunes, 3 de febrero de 2014

Museo de Cera, edición anotada







          Se me ocurrió un día una locura: la extraña, descabellada y megalítica idea de anotar entero MUSEO DE CERA, de José María Álvarez. Un libro de casi 900 páginas. Una auténtica Summa "teológica" de la Poesía universal.
           Porque MUSEO DE CERA de José María Álvarez es una aventura fascinante. Quizá la más fascinante aventura de la Poesía española de la segunda mitad del siglo XX. Un auténtico Manual de Exploradores -tal y como lo quiso una vez subtitular el propio autor-, un libro de libros que casi debería ser (o sin casi) de lectura "obligatoria" para cualquiera que ose iniciarse en esto de la poesía, en esta batalla perdida de antemano -todo poeta que se precie es o ha de ser un derrotado-, pero ganada para el corazón de las tinieblas del hombre.
         El caso es que me dije: dioses, este libro inmenso necesita aclaraciones. No un estudio hermenéutico, no, no me refiero a eso. Para eso yo no me siento capacitado en absoluto. No soy un intelectual, nunca lo he sido, ni quiero serlo. Y además me aburren los intelectuales. 
          Se trataría simplemente de aclarar algunos conceptos, algunos términos, algunos de los miles de nombres que aparecen ahí, traducir a nuestro idioma el sinfín de palabras, citas, frases que se encuentran en otros idiomas (francés, inglés, alemán, italiano, latín, griego, portugués, catalán...), esa maravillosa torre de babel que supone la poesía de José María Álvarez, una torre del Homenaje que nunca se derrumbará en mí cuando el Poeta haya completado ya su tiempo. El loto fecundado. Porque al abrirse ese loto azul, de su interior emergerá su Poesía al mundo. Y yo me rendiré a esa hermosa Dama como se rendía un castillo.

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