domingo, 16 de febrero de 2014

Poetas en la noche



No soporto las novelas. Lo siento, me dan grima. Me aburren. No consigo pasar de la página 75 y miro que lo he intentado veces: ante recomendaciones de amigos, de maestros, de críticos, etc, etc..., pero nada, no hay manera, lo mío no son las novelas.
Francamente, pienso que es un género muy sobrevalorado. Demasiado. Sobre todo hoy día. Y yo que lo veo literariamente tan por debajo, por ejemplo, del Ensayo, del género ensayístico, tan por debajo asimismo de los libros de Historia o de Arte o de Música o de Filosofía; por supuesto, muy por debajo de los libros memorialísticos, biográficos, autobiográficos, de conversaciones, de artículos, de crítica literaria; y muy, muy, pero que muy por debajo de los Diarios (de los Diarios literarios, claro está...) e infinitamente por debajo de la Poesía.
A mí, como diría don José Luis García Martín, lo que me interesa es la Novela de la Vida, y ya está. Y esa novela de la vida, ese pedazo de carne viva, ese trozo de carne sangrienta o ensangrentada, llena de vísceras y nervios, sólo la encuentro, o la encuentro sobre todo, en el género poético, o en el género memorialístico, o en el género histórico o artístico.
¿A quién diablos le importan las batallitas ficticias e imaginativas de un escritor profesional de serie B, de ésos que tanto abundan por ahí, y que se llevan todos los honores y laureles (y la pasta, claro)?.
Bueno, cuando la gente se entera de que escribo poesía lo único que se les ocurre preguntarme -aparte de la pregunta habitual y de rigor que a todos los poetas nos hacen: ¿y de qué vives? ¿en qué trabajas?- es lo siguiente: ¿y para cuándo te lanzas a escribir una novela? Sí, para cuándo tocaré el cielo literario, el Parnaso, y publicaré una novela... Y yo miro para otro lado, me hago el sueco, cambio de tercio, o voy directamente al ataque y les digo que la novela no me interesa en absoluto, que no leo novelas -salvo las que escriben mis poetas áureos, ésas sí, porque, fuera de ésas, las pocas que he leído en mi vida las puedo contar con los dedos de las manos y aún me sobraría alguno-, que la novela es un género muy inferior a la Poesía y altamente sobreestimado.
Hay que tener en cuenta que la novela es un género literario moderno, relativamente moderno o totalmente moderno. Según mi querido maestro Álvarez, todas las novelas que se han publicado después de 1945 no valen una m. (no lo dijo con esas palabras pero lo dijo con otras, es igual).
La Poesía, en cambio, dios... La Poesía es el Principio, es el Origen, la Causa, la Esencia. Está ahí desde Siempre. Todo el santo día a vueltas con Ella el hombre. Está en los maitines, los laudes, la prima, la tercia, la sexta, la nona, las vísperas y las nocturnas o completas... Así, porta al Mundo, como una heroína, renovándolo a cada paso.
Por todos los dioses del Averno, vamos a ver si nos queda claro, y de una vez por todas, que el hecho de que la Poesía no tenga apenas lectores o de que no dé dinero, o de que cargue con su cruz como un viejo bajel desvencijado no significa nada. No supone nada en su contra. Todo es un problema de desconocimiento, de desinformación; no es más que un problema de hábitos, un problema familiar, social... Es un problema cultural. Ni más ni menos.
Pero mira por donde, estuvo este lector tan apasionado e incontinente repasando anoche una novela. Pero una novela muy especial que leí ya hace tiempo: POETAS EN LA NOCHE, de José María Fonollosa (Barcelona, 1922-1991), un poeta que se mantuvo voluntariamente en silencio y al margen de los ambientes literarios. Se trata de una novela experimental, empírica, algo extraño y desconcertante. Se trata de una novela escrita en verso. Un largo poema con personajes y diálogos, con acción, con planteamiento, nudo y desenlace. Quizá por eso la respeto, quizá por eso me sedujo en su día y me volvió a seducir anoche cuando anduve releyéndola. Porque está escrita en Verso.


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