miércoles, 12 de marzo de 2014

Dos poetas navarros en París






          Conviene -ya lo he dicho en alguna que otra ocasión- para la buena higiene y salud mental del hombre pasarse y pasearse de vez en cuando por París, hacerse ungir y coronar viajero, con épico acento navarro en esta ocasión. Que no nos resulte extraño París en nuestras vidas, que esté siempre ahí esperándonos. Carne de nuestra carne, una vez más. Vivir a caballo de París, como escribió aquella periodista local sobre mí y que tanto revuelo causó en mi trabajo. Que cuando paseemos por sus calles no nos sintamos ajenos ni extraños a esta Ciudad de ciudades, habiéndose oficiado bien la Ceremonia de la Poesía en nuestro corazón.

          Esa belleza en la calle, inmarcesible a pesar de los años, de los siglos y siglos, que no hay que buscarla ni impostarla, que está ahí, a la vista, cada día, aunque esté lloviendo y el tiempo sea ventoso y desapacible. Ese Museo de museos, al aire libre -que en nuestras  pequeñas ciudades de origen se ha perdido- está allí aún vivo, presente, perenne, en cada detalle, en cada fachada. Para siempre. Ajeno al mundo.
          Así y para no perder esa buena costumbre que de cuando en vez nos acoge en nuestras vidas, aquellos días de Noviembre de 2010 acudimos mi viejo amigo, mi compañero de batallas, de fatigas poéticas, el poeta Javier Asiáin y un servidor, a la llamada de París para sendas lecturas poéticas (a mí personalmente me gusta más la palabra 'recital' que 'lectura') en el Liceo Español "Luis Buñuel" en Neuilly-sur-Seine, así como en el Centro Español APFEEF de Paris 6, en la confluencia entre el Barrio Latino y Montparnasse, invitados como parte activa y artística en la celebración de la XXIV Semana Cultural de Navarra en París.
          Toda una experiencia maravillosa, amigos. No sólo por la visita a París -que ya es en sí motivo de regocijo para el alma, vía de la Abundancia para el corazón-, no sólo por la compañía personal de la que disfruté aquellos días -ser partenaire poético y armónico de un poeta de la altura y hondura de Javier Asiáin es un honor y un placer inmediato-, sino también y sobre todo por el recibimiento tan cálido, magnífico, inesperado que obtuvimos de la "colonia" de navarros en París (gente maravillosa, cada uno de ellos con una historia detrás impresionante de trabajo, esfuerzo y superación en la vida). Y además y por qué no decirlo, por el éxito inusitado de público y de aceptación y entrega que tuvimos en nuestros recitales de poesía y exposiciones de ideas sobre la creación poética.
          La 'cosa' fue de órdago. La poesía volvió a vencer, amigos, volvió a salir victoriosa, eso es lo importante. Nosotros simplemente hicimos lo que hacemos siempre: disfrutar con Ella, recogerla de donde la teníamos escrita y entregársela de viva voz y con amor al público. Devolvérsela, de alguna manera. Si esa entrega es sincera la cosecha da siempre sus frutos. Por lo demás, un golpe de suerte que se puso en nuestras manos. 



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