jueves, 13 de marzo de 2014

El viento de la Gehena




          Me dicen  los tibios de vocación -como diría mi maestro Bunbury-, los tibios de corazón, me suelen decir o hacer ver a las claras o a las oscuras, a las duras o a las maduras, que soy un 'exagerao', que lo magnifico todo (tengo ese vicio, o esa virtud, según se mire) me han colgado ya esa etiqueta, ese tierno sanmbenito, que lo maximizo todo, según me dé el aire, que soy un tío de extremos, que me voy de baretas por las esquinas, por los extremos de la vida, que me muero por el negro o el blanco, que no admito colores innecesarios, como decía Loquillo en aquella vieja canción. Otro de mis mitos.

          Así que, haciendo honor a esa fama, me iré una vez más por mis fueros, me saldré por mi tangente, y diré que sigo pensando que mi viejo amigo, el poeta José Antonio Martínez Muñoz (nos volvimos a ver por fin hace unos meses, después de diez años, brother), es el mejor poeta que ha dado la insigne Región de Murcia (tierra de poetas donde las haya), excluyendo, claro está, al maestro Álvarez, al que no puede considerársele murciano ni de ningún sitio, y no por nada, sino porque, como él mismo dice, los poetas no tienen patria, su patria es la Poesía. 
          
          Y diré también que uno de sus libros de poemas, el que lleva por título, EL VIENTO DE LA GEHENA (ed. Bartleby, 2005), es un libro inmenso. Un libro escrito como por una culpa pasada, y aquel que se acerca a leerlo toma conciencia de esa deuda. Ese libro es Otro Mundo, otro concepto, un mundo nuevo surgido de los restos incorruptos de la mejor poesía española contemporánea, con el que has de "conectar" como lector, meterte en él, consagrarte a sus ofrendas. Si no conectas ahí, no hay mucho que hacer, amigo. Cierra el libro y déjalo para más adelante, para cuando tu cabeza esté más limpia. Y puedas reanudar la singladura.




No hay comentarios:

Publicar un comentario