miércoles, 30 de abril de 2014

Eres poeta sí, pero ¿de qué vives?








domingo, 20 de abril de 2014

¡¡¡Zombies!!!





Es el argumento facilón y comodón de la gente del corriente, de la gente del común (familias incluidas) para explicar nuestra actitud como poetas ante la vida:  
-estás más loco...  
O también, he oído referir a algún compañero poeta, cómo ha tenido que escuchar muchas veces esta otra frase:  
-pero qué pedrá tenéis los poetas... 
Estas cosas a mí me ponen de los hígados. Me sueltan los nervios. Dan argumentos para salir ahí a batallar al indomable que llevo dentro, y que estos últimos días, entre tanta ternura, tengo amarradito...
Vamos a ver. Yo no sé si estoy loco por ser poeta y amar la Poesía, lo que sí sé es lo que no quiero ser por nada del mundo. Y no quiero ser un mueble aburrido, un ficus seco, una ameba informe, conformista, obediente, consumista y materialista, un fosil desfosilizado, sin inquietudes culturales (y entiéndase por Cultura, no lo que hoy se entiende por cultura, esto es, deporte, fiestas patronales e idiomas autonómicos, esa ridícula y folklórica cultura local/provinciana de andar por casa en zapatillas, sino Cultura universal, tradición cultural, Arte e Historia. Téngase eso muy claro), que sólo piensa en el puto dinero, que visiona a todas horas chorradas por la tele, se pega el día hablando de fútbol o fórmula 1, o -me da igual hombre que mujer- leyendo revistas para marujas depresivas y aburridas de peluquería, novelas de mil páginas de pseudoliteratura, basura editorial de usar y tirar, y los sábados va al hiper en chandal y zapatillas y sin afeitar, empujando un carricoche con niños y cara de 'amargao'.
Eso es lo que no soy, lo que no quiero ser, y en lo que espero no convertirme con los años y por las circunstancias y por muchas vueltas que quiera dar la vida. Eso lo tengo muy claro, amigos.
Porque eso es ser un zombie, un muerto en vida, que camina por la calle con su santísima hipoteca de Oro a cuestas (el tipo del banco montado a tus espaldas, como en el anuncio de la tele) y que cuando llega a casa va corriendo a mirar el saldo de su libreta de ahorros, a ver si ha engordado lo suficiente o tiene que seguir arrastrándose aún más. Porca miseria.
Más les valdría a estos gañanes asalvajados, a estos garrulos asilvestrados (que tuvieron oportunidad de estudiar y de leer en su día, y nos le dio la gana) coger un libro en las manos, aunque sólo fuera para abanicarse con él, joder, o para ponerlo debajo de la pata de la cama, que dicen que es bueno para respirar mejor al dormir o para la circulación de la sangre en las piernas. ¡¡¡Zombies!!!




lunes, 14 de abril de 2014

¿La poesía es trabajo?



 



El problema es creer que la poesía es una simple veleidad con la que alimentamos nuestro ocio. El relleno de los trazos. A ver. Así nos ven. Así nos quieren ver.
La poesía no es ocio, no pertenece al ocio, aunque sí es verdad que necesita del ocio -del Otium sagrado- para nacer en libertad. Cualquier trabajo mata la creatividad. Eso está más claro que el agua. Que me lo digan a mí ahora... Cualquier esfuerzo físico en nuestro cuerpo -salvo, claro está, el sexo- la debilita, la cercena. Es como abolir los antiguos cultos.
Pero la poesía es trabajo, señores míos. Trabajo y muy duro. Y el que se burle de esto que venga a verme, que se lo dejaré muy claro. Es este un tema que yo he discutido más de una vez con algún que otro gañán.
Que nadie vea al poeta como a un holgazán, o si es así, su poesía será muy poca cosa. Porque esa es otra: hay quien cree que la poesía es escribir la primera estupidez que le pasa a uno por la cabeza. Lo que una vez se llamó escritura automática. Encadenar palabras y frases sin sentido. Así, sin más, como el que estrella huevos rellenos de pintura contra un lienzo en blanco y luego dice que es Arte. Art happens, que decía aquel, y el alma disfrutando en paz.
Hay un trabajo detrás. Tiene que haberlo. No cabe duda. Y eso se nota enseguida. Póngame usted delante un poemario y le diré si hay o no trabajo. Vaya que sí. Y yo no es que me tenga por un experto en la materia, pero hay cosas que tampoco cuesta mucho imaginar...
Y ese trabajo palpable del que hablo es un valor. Un valor en alza. Algo que marca la diferencia de ostensible manera. Es lo que hace, o puede llegar a hacer, que la poesía se convierta en Literatura, en experiencia artística inmediata, en compromiso vital de por vida. Como un mensaje astral, detectado y leído.
Como digo, o es eso, o si no será más bien poca cosa. Muy poca cosa. La fallida conjura. Algo que te lleve a cerrar el libro para siempre al minuto de abrirlo. Sin oportunidad alguna de revivir.

domingo, 13 de abril de 2014

El hombre desapasionado










el hombre desapasionado el estúpido hombre
desapasionado con quien comparto cada día
de mi vida en esta tortura de vida
que llevo a cuestas
para quien los clásicos son
un puerro a quien no le interesa
en absoluto el pasado sino ya sólo el presente
qué presente habría que preguntarle es que acaso
existe este presente
absurdo en que habitamos
estúpido y básico hombre desapasionado
con el que tengo inevitable y diario
trato en mis ocupaciones
vuelve a las cavernas de donde nunca debiste
salir vuelve con tus pinturas
rupestres y en tus descansos lee
como acostumbras prensa deportiva que es lo único
que aún puedes leer sin resultar
sospechoso en esta vida de perros
estúpido hombre pasivo desapasionado y obediente
con el que tropiezo día tras día a todas horas
en esta larga agonía de vida ingrata que llevo
para quien velázquez no era un genio ni cervantes le dice
nada del otro mundo es otro puerro
ni tiene un disco en casa
de vivaldi para deleite del alma porque ni siquiera
entiende de deleites y hace tiempo ya
que ha enterrado su alma