domingo, 20 de abril de 2014

¡¡¡Zombies!!!





Es el argumento facilón y comodón de la gente del corriente, de la gente del común (familias incluidas) para explicar nuestra actitud como poetas ante la vida:  
-estás más loco...  
O también, he oído referir a algún compañero poeta, cómo ha tenido que escuchar muchas veces esta otra frase:  
-pero qué pedrá tenéis los poetas... 
Estas cosas a mí me ponen de los hígados. Me sueltan los nervios. Dan argumentos para salir ahí a batallar al indomable que llevo dentro, y que estos últimos días, entre tanta ternura, tengo amarradito...
Vamos a ver. Yo no sé si estoy loco por ser poeta y amar la Poesía, lo que sí sé es lo que no quiero ser por nada del mundo. Y no quiero ser un mueble aburrido, un ficus seco, una ameba informe, conformista, obediente, consumista y materialista, un fosil desfosilizado, sin inquietudes culturales (y entiéndase por Cultura, no lo que hoy se entiende por cultura, esto es, deporte, fiestas patronales e idiomas autonómicos, esa ridícula y folklórica cultura local/provinciana de andar por casa en zapatillas, sino Cultura universal, tradición cultural, Arte e Historia. Téngase eso muy claro), que sólo piensa en el puto dinero, que visiona a todas horas chorradas por la tele, se pega el día hablando de fútbol o fórmula 1, o -me da igual hombre que mujer- leyendo revistas para marujas depresivas y aburridas de peluquería, novelas de mil páginas de pseudoliteratura, basura editorial de usar y tirar, y los sábados va al hiper en chandal y zapatillas y sin afeitar, empujando un carricoche con niños y cara de 'amargao'.
Eso es lo que no soy, lo que no quiero ser, y en lo que espero no convertirme con los años y por las circunstancias y por muchas vueltas que quiera dar la vida. Eso lo tengo muy claro, amigos.
Porque eso es ser un zombie, un muerto en vida, que camina por la calle con su santísima hipoteca de Oro a cuestas (el tipo del banco montado a tus espaldas, como en el anuncio de la tele) y que cuando llega a casa va corriendo a mirar el saldo de su libreta de ahorros, a ver si ha engordado lo suficiente o tiene que seguir arrastrándose aún más. Porca miseria.
Más les valdría a estos gañanes asalvajados, a estos garrulos asilvestrados (que tuvieron oportunidad de estudiar y de leer en su día, y nos le dio la gana) coger un libro en las manos, aunque sólo fuera para abanicarse con él, joder, o para ponerlo debajo de la pata de la cama, que dicen que es bueno para respirar mejor al dormir o para la circulación de la sangre en las piernas. ¡¡¡Zombies!!!




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