sábado, 31 de mayo de 2014

Distributio, distributionis



Recibe mi último poemario, "Ritual de combatir desnudo", el poeta Julio Martínez Mesanza. Se lo envío a Tell Aviv, allí mismo, lejana y moderna ciudad nacida en la tierra más antigua conocida, más allá del desierto del Neguev que atravesó con sus huestes Alejandro. Es donde Julio dirige el Instituto Cervantes desde principios del año pasado en que llegó venido de Túnez.
Contra el implacable y devastador olvido de la Historia, con este envío de mis versos me atrinchero, me hago fuerte. Pensando estaba en que cada día me ha amanecido como el último. Y que el que aprende a morir, aprende a no servir.
Hasta allí se lo hago llegar, sí señor, corro con los gastos de envío sí, y no me importaría en absoluto enviárselo más lejos, si más lejos aún estuviera este gran poeta. Porque Julio Martínez Mesanza, erudito y maestro, es un inmenso poeta sí, otro de los grandes, de los que marcaron una época en la poesía española. Muy imitado aunque inimitable. Además, claro, de grandísima persona (combinación esta no muy habitual en estos menesteres de la Poesía).
Y es que mira por donde siempre he pensado yo que lo mejor que puede hacer un poeta llegado a esta tesitura, para asegurarse de que sus versos llegan a buen puerto -como diría Álvarez, que el Canto llegue a su Destino-, es "distribuir" él mismo su libro. Hacérselo llegar a quien tenga que hacérselo llegar, a quien uno entienda que sabrá apreciarlo. No nos fiemos mucho, por la cuenta que nos trae a los poetas, de editores y distribuidoras, que te la juegan y ni te enteras, Contreras... Que te dicen mil donde fueron quinientas, o te dicen que sí, que ya está en camino, cuando no hizo nunca la pila de libros ni desapilarse en la alacena.
Pongámonos pues manos a la obra los poetas, y que el libro salga por ahí, cruce fronteras y caminos, viva su propia "vida" fuera de la tierra que le vio nacer (y donde su autor nunca será profeta, ya se sabe...) a conocer mundo. Y que esa vida incipiente no quede entregada al olvido, ajena al mundo.
No se puede delegar esta tarea en editores interesados, distribuidores que ni te conocen ni les importa un ápice tu poesía, o poetas "amigos" que al final parece que te envidian más que te aprecian. Ha de ser uno mismo el que haga ese "trabajo" y corra con ese gasto. Que el libro llegue a donde tenga que llegar, al mayor número de personas (poetas sobre todo, algún que otro crítico imparcial, periodistas que amen la poesía, aunque hay muy pocos) y entidades (Revistas literarias, Universidades, etc...) posibles.
Yo mismo, sin ir más lejos, he enviado ya 150 ejemplares de mi último poemario, y aún no he dado esta tarea por finiquitada. Ha sido ardua (y cara) tarea, pero merece la pena, creedme. Es corona de pétalos. La recompensa llega cada día, alta empresa, al llegar a casa del trabajo, en forma de e-mails, cartas, paquetes con libros, llamadas de teléfono, qué sé yo... La cosa no parece tener fin.
Que al final, esto de la poesía, siempre lo he dicho, fíjate tú, no se acaba convirtiendo sino en un intercambio cultural entre poetas y nada más, que no es poco. Y después sólo queda retirarnos serenamente de la vida, como de un teatro, cuando no nos agrada. Así de claro.

 
27 de Julio de 2010 (Dietario del indomable)

sábado, 24 de mayo de 2014

La mermelada de Perla






sábado, 17 de mayo de 2014

Arte y ensayo del poeta










sábado, 10 de mayo de 2014

Filtro imaginario




domingo, 4 de mayo de 2014

¿tosigo ardento?