jueves, 18 de diciembre de 2014

LA GLORIA O EL OLVIDO (II)



a.r. Volviendo a los Novísimos, apunta usted en sus viejas conferencias de Oxford y Cambridge sobre poesía española, que el “arrebatador decorado que impusieron y el estandarte del venecianismo, como símbolo muy concreto de una forma de entender el mundo, habían educado a la actual y más joven poesía española de forma incuestionable”. Hábleme de ello.
j.m.a. Sí, creo que es evidente un nuevo tono en los poemas de los que empezaban —y también en muchos de los digamos compañeros—, que de alguna forma siguen la melodía “novísima”. Claro está que al hablar de los Novísimos sería mejor decir de tres o cuatro de los Novísimos y también de alguno como Luis Antonio de Villena y casi inmediatamente, Colinas, como referencias estéticas y forma de ver el mundo.
a.r. Sí, Antonio Colinas es más novísimo que muchos de los que aparecieron en la Antología de Castellet. Y Luis Alberto de Cuenca —en sus primeros libros—, y Juan Luis Panero, y Jaime Siles, y Jenaro Talens, y Marcos Ricardo Barnatán, ¿no? Y los poetas de Granada, de la Academia de Oriente, Antonio Enrique y Fernando de Villena…
j.m.a. Claro, Juan Luis Panero ya venía de antes. Antonio Enrique —al que quiero mucho— es un escritor muy importante.
a.r. Hace referencia usted también ahí a aquella carta de Leopoldo María Panero escrita desde el manicomio, donde hablaba sobre lo que había de ser la verdadera Poesía: una apuesta sin límite, locura y gloria…
j.m.a. Bueno, siempre es eso. Yo añadiría el Olvido, que a unos les llega antes que a otros.
a.r. ¿Pero el olvido por parte de quién? Quien ame de verdad la Poesía no olvidará nunca.
j.m.a. Sí, el tiempo lleva en sus tripas el Olvido.
a.r. Ante el futuro incierto y desesperanzado de la Poesía en la sociedad actual, usted deja entrever en ello algo positivo: la supervivencia de los mejores, “aquellos capaces de resistir las pruebas del silencio, del olvido y de la soledad, esto es, aquellos que de verdad llevan la Poesía en su alma”. Esto me parece magnífico. Yo apuesto por ello… Aunque no lo veo muy claro; me refiero a que, al contrario de lo que sería lógico, cada vez hay más poetas y con ganas de publicar sus versos donde sea y al precio que sea…
j.m.a. Que haya muchos poetas no quiere decir que haya mucha Poesía verdadera, muchos poemas que merezcan sobrevivir. Pero de lo que no cabe duda es que esa barrera de silencio y olvido y soledad, que casi siempre tiene sus raíces no en lo que es la Literatura, sino en viles maniobras ideológicas, políticas, de ansiar las prebendas del poder… Bueno, eso en nuestra época sobre todo es lo que se ha apoderado del mundo cultural. Pero hay algo que no se equivoca nunca: el Tiempo.
a.r. O sea, que no llora usted de emoción con ningún poeta de hoy, vamos…
j.m.a. Me pasa como a Borges, que sólo lloro con la Épica. Y, bueno, sí, una vez se me saltaron las lágrimas en una página de The great Gatsby. Pero es Épica, ¿no?
a.r. Para enmendar esta hecatombe poética usted preconiza la vuelta del poeta a la marginación, al escribir por el propio placer de escribir —por amor al arte, como suele decirse—, no perder nunca el sentimiento, no olvidar nunca, y que el poeta es —y esto es algo que yo comparto con usted plenamente— un ser “diferente a los demás hombres, con otra vida, otros horizontes y otras necesidades”…
j.m.a. De todas formas es lo que siempre han hecho los verdaderos poetas. Cada vez acaso sea más difícil, más complicado, porque el aborrecimiento de toda disidencia va ocupando cada día más espacio en la sociedad. La censura, el horror de esa abominación que llaman Pensamiento Correcto puede acabar liquidándonos a todos.
a.r. Pero es que la mayoría de la gente no es consciente de que ese ‘Pensamiento correcto’ le ha calado hasta los huesos, es el aire que respira cada día…
j.m.a. Pues que se lo sacudan. Todos somos responsables de nuestro pensamiento, y nuestro pensamiento es fruto de lo que hemos aceptado y lo que hemos negado.
a.r. Al principio de su conferencia sobre El dandysmo, de 1985, usted habla de los dandys como de espíritus limpios que todavía siguen considerando que lo más estimable de la existencia es el buen gusto, la inteligencia, el deseo de comprender, el desprecio y soslayo de la imbecilidad, el disfrute de los placeres de la carne, el derecho a la disidencia, al individualismo y a la libertad de pensamiento, gestos y afectos… Casi nada. ¿Sería posible vivir hoy así, conforme a esos postulados tan maravillosos? Porque yo me apunto…
j.m.a. ¿Pero qué quiere que le diga? Todo eso que ellos defendían con su vivir es lo que ahora se condena.
a.r. Hábleme de esos viejos libritos suyos, hoy reliquias inencontrables, Psyché (1957), Alma y poesía, pensamientos fugaces (1957), Canto de hacer lejano (1962), Cantigas de habla común (1964), Emocionado, emocionado (1962) y su viejo libro de poesía social, Libro de las nuevas herramientas (1964), que usted ya casi ni reconoce como suyos, o por lo menos, no los reconoce como parte integrante de su obra.
j.m.a. No hay demasiado que decir. Alma y poesía y Psyché son esos libros que puede escribir un niño y que manos piadosas deberían entregar al fuego o a la papelera. Psyché es mejor que el otro, porque recoge algunos párrafos que en realidad eran de mi madre y yo le robé, si puede llamarse robo a lo que entonces deseé como una especie de homenaje, ya que ella no quería publicar; y tenía mucho escrito. Canto de hacer lejano ahora no estoy seguro de si fue una publicación que se hizo por presión “revolucionaria”, indicaciones de la superioridad de sacar editados algunos poemas que eran de recitales. Acaso esa fue otra, que yo creo que se titulaba algo así como En la muerte de un obrero. Pero veo que por las fechas que usted dice, falta una que sí estimo más, una publicación de un poema que escribimos a medias Agustín Meseguer y yo, y que me parece que se tituló Cantata del sureste. Emocionado, emocionado recoge algunos poemas muy juveniles de amor por el circo, que me apasionaba; me refiero al circo aquel, con las fieras, con las trapecistas… Libro de las nuevas herramientas ya es otra cosa, y he hablado muchas veces de él. Son poemas de meeting político sobre todo. También fue una decisión, digamos, “consensuada” con otros miembros de aquella clandestinidad antifranquista. Y no es que yo no reconozca esos poemas. Alguno creo que tiene versos aceptables. Pero es que las miras de sus temas no eran verdaderamente Poéticas, sino las de la subversión.
a.r. ¿Qué fue de aquella traducción de las letras de canciones de la gran Billie Holiday que usted tenía pensado hacer?
j.m.a. Está ahí. Parada. Y sigo pensando que se podría hacer un hermoso libro con ellas. Pero uno acaba dedicando el tiempo a otras cosas, se interponen proyectos nuevos. Se va quedando ahí…
a.r. Me interesa mucho esa opción suya ante la idea de cómo vivir lo mejor posible, siguiendo el sabio consejo de Cicerón y los viejos clásicos: carecer de ambiciones sociales y tener una profunda ambición cultural, ambición de saber, y además tender a lo excelente e ir despreciando lo que no lo es. ¿Es posible aún hoy esa filosofía de vida?
j.m.a. Sí, claro que es posible. De hecho yo no hago otra cosa.
a.r. Le he escuchado a usted decir que la única misión de la poesía, la única misión del artista es celebrar, y que hay que hacerlo con agradecimiento a la vida por lo hermosa que es.
j.m.a. Claro. La Vida es algo hermosísimo, aún en sus peores condiciones. Quiero decir, sentirse vivo, respirar, sentir la carne, sentir el mundo, maravillarse por su belleza. Bastaría contemplar el firmamento… La vida es maravillosa, y si uno tiene graves problemas, me refiero a enfermedades, a dolor; si uno sufre, eso no significa que la Vida no sea maravillosa. Significa que uno está acabándose. Lo mismo sucede con el padecimiento de poderes crueles. Hasta en el peor campo de concentración hay lugar para el amor, para sentir esa belleza, para la Poesía. Pienso en Nina Gaguen-Torn; yo tengo un poema sobre ella y sobre esa pasión por una vida digna.

Como se seca la sangre
en una hoja que ha matado
                                                      en mi memoria
el odio         no queda más que odio
en mi memoria contra
todos los que te hicieron
daño todos los que causaron
tanto dolor
a tantos

                              Cuando miro
tu fotografía (esos ojos esa
sonrisa) querida
Nina                   esa mirada en paz

                                                    Y ese rostro de los días felices
                                                    va transfigurándose           veo
    una mujer avejentada
    por el dolor
         la deshumanización huesos pellejo
         de los que cuelga una
         bata
         sucia
                    delante de un paisaje
         de hierro
   
                            Pero sigue esa mirada en paz
                                                                              Y odio
coágulos de odio
Odio a los funcionarios que te interrogaban
Será mejor Coopere
tan eficientes pulcros veo
sus guantes de
goma los alicates     las jeringuillas      seguramente
buenos padres de familia respetados
por sus logros

y asesinos
Les habían dicho: Interroga

                                                              El odio
arruina
mi corazón
Pero ya no siento más que odio

Odio por esos funcionarios
por el gobierno que ordenó tu prisión
los intelectuales que apoyaron ese gobierno
la buena gente que sostuvo a ese gobierno

No queda más que odio
                                          hacia ellos
                                                            en mí
Daba igual que ninguna pregunta
tuviera que ver contigo El funcionario se limita a llenar un expediente
escribe con buena letra Ya ha baldeado
                                                                    la sangre
                                                                                    del anterior
interrogatorio Ni te mira Estás

ahí
en pie   bajo ese foco     Lo
único que dices
es Y a usted cuánto le pagan
                         por hora de interrogatorio              El
funcionario no se inmuta
No levanta los ojos
del expediente  Toma algunas notas
Es eficiente en su trabajo sólo soy un
funcionario Cumplo con mi deber

de asesino

(Cuando se levanta de su sillón en el cojín
deja una mancha amarilla horrenda y misteriosa
como alguna vez leí que dejan los muertos
sobre todo lo que tocan)


Imaginar aquellos días
La peste a carne cruda de los interrogatorios
esas filas de seres humanos humillados
pisando ya sin fuerza una nieve
como un esputo con hilillos de sangre
en la blancura de los reflectores
camiones en la niebla cargados de despojos
hielo de hierro conciencias descuartizadas No es una
pesadilla estás ahí
seres humanos volviéndose locos
de sufrimiento golpeándose las sienes contra las sienes

Pensar en esos días
en lo que viste lo que
sufriste

El viento trae alaridos sucios
el olor del dolor
piso pájaros muertos
bajo la pestilencia de la Luna


Pero hay algo que asciende del Horror
algo que vence al Horror
                                                 que nos permitirá
consolarnos cuando
suceda de
nuevo

                no concediéndoles a los verdugos nada
que les hiciera pensar que eran personas
que merecían otra cosa
que ser despreciados                  

que nunca transigiste con el Mal

Cuando te torturaban
no consiguieron ni por un segundo que
dejases de ser tú olvidases
amar lo que hay que amar   Como si aquella salmuera de la celda
las membranas húmedas de la vileza
aquella sangre del desagüe de los mataderos
no existiera                      Nada
-decías- es más necesario en la prisión
que la Poesía
                          saber los versos de memoria
                          carne tuya
(¿Y a usted cuánto le pagan por hora de interrogatorio?)

                                                 Y al volver a la celda
les recitabas poemas a los otros prisioneros
Nunca dejaste que apagaran
en tu corazón
el amor



Recuerdo una película de Malle
Hay un sastre judío qua ha sufrido
las peores vejaciones Ha seguido cosiendo
Un día es detenido
                                         Lo único que dice
al ser interrogado
es ¿Por qué me tutea usted?
Quiero decir
                          Usted puede matarme
                          torturarme Lo que
                          quiera                   ¿pero quién es usted
                          para tutearme?


Eso hiciste tú                 ¿Quién es usted?
Aquellos policías aquellos funcionarios
podían preguntar y preguntar
amenazarte
                                 
estabas recitando en tu memoria
versos de Homero   de Safo   de Teócrito   de Pushkin

No estabas allí


Hoy paseando
he pasado ante la casa
donde vivió Drieu la Rochelle El hizo lo contrario
que tú: Eligió
Tu gran lección es no elegir
entre formas del Mal
Drieu creía que sólo podía ser
o comunista o nazi      al fin y al cabo eran la misma
abominación

Y eligió
Al menos fue coherente y acabó
suicidándose

                          Tú sabías
que no se puede ser
parte del Mal
De un lado está el Horror
los esmerados expedientes del Horror
Del otro
                   nosotros
                                  Pero no cruzar palabra
                                  ¿Por qué me tutea usted?
                                  No darles nada
                                  donde puedan pensar
                                  que no son inferiores
                                   a ti              que no son sino
basura


Sí Es este
tiempo El nuestro
Y no hay
                    otro
                                 Este bestial
arrastrar seres humanos por calles solitarias
ante ventanas que la gente cierra
¿No oís la trituradora
de huesos los gritos en la noche
de los que se arrodillan en el frío
suplicando piedad
La risa de los desolladores
Esta espantosa cicatriz


¿Recuerdas lo que Horacio escribió?
Del primer libro de las Odas
Parece escrito hoy

Eheu cicatricum et sceleris pudet,
Fratrumque; quid nos dura refugimus
Aetas? quid intactum nefasti
Liquimus? unde manus juventus
Metu deorum continuit? quibus
Perpecit aris?

Avergoncémonos de nuestras cicatrices, nuestras culpas
Monstruosas. ¡A cuántos hemos asesinado! ¿Qué atrocidad
en esta época de piedra no hemos cometido? ¿Qué sacrilegio
no nos mancha? ¿Aparta nuestra juventud su mano
de algo por miedo a los dioses? ¿Qué altar
no hemos profanado?


Pero de nada tienes tú
que avergonzarte
Libre estás de culpa
Sabías que el Mal existe
pero que existe el Bien y a él te consagraste
No hay sangre en tus altares


ENVIO: Déjame repetir, Nina, sobre tu tumba
lo que Timnes dijera de aquel ave:
Posada en un olivo te han matado. Mas los mudos caminos
de la noche, han guardado tu vuelo y dulce voz.

a.r. Hábleme de aquello que decía Chesterton —y que usted suscribe, claro— de que desde el principio todas las naciones han soportado gobiernos y todas se han sentido avergonzadas de ellos.
j.m.a. Bueno. Basta con mirar lo que hay en casi todas las naciones, por no decir en todas. Y repasar la Historia. Lo que también sucede con los gobiernos de hoy, es que no tienen límite en su ambición, y, como decía Don Luis de Haro sobre Mazarino, cuando el encuentro en la Isla de los Faisanes, “Quiere engañar siempre”.
a.r. O sea que los políticos de hoy no le inspiran a usted mucha confianza, vamos…
j.m.a. Es imposible ser tan malvados, tan tontos, tan incultos y toscos sólo por naturaleza, por instinto, digamos. Deben haber afinado el instrumento. De todas formas… yo creo que lo que pensamos es como las cenizas de los muertos, que se las lleva el viento. No creo que tengamos probabilidad de ver otro mundo, al menos por el momento y durante mucho tiempo. En ningún espacio, ni en la Cultura ni en las formas de gobierno ni en lo que pudiéramos llamar la responsabilidad de la sociedad, en que cada uno quiera ser responsable de sus actos, de sus elecciones, de su vida. Yo soy, como he dicho muchas veces, uno de esos old whigs[1] sin esperanza. Eso no me ha convertido en una persona amargada, o al menos así lo espero. Pero carezco de esperanza. Y ha sido la Igualdad. Desde que la apisonadora de la Igualdad se puso en marcha logró que fuese indetenible el ansia de los gobiernos por la consolidación de Estados dominadores cada vez más de hasta el último poro de nuestras vidas. Y lo logró porque esa falacia del igualitarismo engrasaba con su espejismo sueños de mejora de la sociedad, y con su excusa el Estado ha ido consolidando la iniquidad de sus poderes. Y la sociedad, tan satisfecha. Entonces, todo control es fácil, y cada día más, y más extendido y profundo. Y nuestras libertades pueden ser eliminadas, y mientras se excuse su fin o su limitación con la consolidación de esa igualdad, la sociedad lo aprobará sin dudas. Y será más fácil eliminar a los opositores disidentes. Silenciarlos. Por eso, ¿cómo detener a los gobernantes si gran parte de la sociedad los apoya? Y en esa trituradora cae todo: leyes, universidades, nuestra cultura, nuestra Civilización. Todos nos convertimos en enfermos de la Igualdad.
a.r. Sí pero, ahora que recuerdo, usted tiene una fotografía del presidente norteamericano Carter, dedicada…
j.m.a. Sí, ya es mala suerte. Tantos presidentes y tengo una dedicatoria del peor. Bueno, nunca se sabe, porque éste de ahora… Pero lo de Carter fue una consecuencia de digamos mi “lealtad” a la Confederación, y claro, como él era —¿o es todavía?— sureño, incluso Gobernador de Georgia, pues cuando yo estuve en relación con Atlanta para algunas cosas que quería escribir sobre el viejo Sur, al final me dijo que como “expresión de gratitud”, qué quería yo. Y yo le dije que una bandera de Combate de la Confederación. Supongo que les tocó el alma que yo hablara de The interstates War[2] y no de guerra de Secesión. Y el Museo de Historia me envió una, que es la que cuelga en mi estudio de Villa Gracia, y que usted ha visto. Y unos días después, recibí una carta suya.
a.r. Una bandera que huele a mar, sí… ¿A qué se refiere usted, en una de sus afinidades borgianas, con aquello de que quizá no erraba el sueño de Philip Mainländer? ¿A la muerte de Dios, a la esterilización del hombre, al suicidio colectivo?
j.m.a. Me interesaba, y me interesa, su pesimismo. Seguía de alguna forma la estela de Schopenhauer. Y era un poeta interesante. Yo creo que no hay nada suyo traducido al español, quiero decir de sus poemas; o al menos yo no lo he visto nunca.
a.r. Dice usted que el siglo XX consiguió hacer creer al artista que era un hombre igual que los demás, esto es, no un ser especial, y que ello trajo consigo su destrucción…
j.m.a. Sí, bueno… muchos artistas se han tragado esa bola. Es una falacia que ha infectado a toda la sociedad, esa pasión por la igualdad. Toda consagración del igualitarismo es destructiva de lo mejor del ser humano. Pero es una de las herencias perversas de aquella Revolución Francesa que al errar su camino arrasó tanta grandeza, tanta posibilidad de la grandeza, de lo excelente.
a.r. Hablando usted sobre su blog de internet, Sin prisioneros, dice que “hubiese preferido haber hecho un blog sobre Literatura, sobre Arte, donde nos recomendásemos libros, ciudades, viajes; un blog de lo que es verdaderamente importante para nuestra vida, aquello que podemos lograr existan los gobiernos que existan, esto es: ser mejores personas, más cultos y más libres”. Y ahora le pregunto yo a usted: ¿Ser más culto te hace más libre?
j.m.a. Bueno, eso de los blogs no termino de entenderlo. En nuestro caso, es obvio que de lo mejor que podemos hablar es de Literatura, de Arte, y puede que ese no sea el medio ideal, porque no hay digamos “conversación”. Uno escribe algo y ahí queda. Pero para eso ya están los libros, y el Blog no permite ni la extensión ni el detalle que puede darse en el libro. Creo que para este tipo de “intercambios”, es mejor el Facebook. Y sobre lo que dice usted de si ser más culto lo hace a uno más libre, pues yo creo que sí. Aunque se puede ser muy libre sin mucha cultura, cultura literaria, quiero decir.
a.r. Me interesa mucho esa teoría suya de que un poeta sólo debería procurar publicar en editoriales que produjesen libros hermosos y cosidos y que no hiciesen publicidad de los mismos, dejando en el boca a boca del lector emocionado la difusión de esas obras.
j.m.a. Sí, creo que los libros no deberían tener otra publicidad que la pasión de algunos lectores. Y desde luego, las ediciones deberían ser hermosas, perdurables. ¿Aunque a quién legar hoy una biblioteca, si ni siquiera las Bibliotecas públicas funcionan ya con libros?
a.r. ¿Aún sigue pensando usted aquello de que quizá sería suficiente con la edición, al año, y en todo el mundo, de solo doce libros nuevos?
j.m.a. Quizá exageré. No dejaba de ser una provocación. Pero de todas formas, es muy difícil que en un año salgan doce libros de esos que van a permanecer generación tras generación. Y desde luego, leer bien lleva su tiempo. Sí, puede que doce no sea una mala cifra.





[1] Un viejo liberal.
[2] La guerra entre Estados.

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